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El futuro

El populismo y el nacionalismo, el racismo, el supremacismo. Todas estas enfermedades tradicionales de la democracia han pasado a ser hoy día los grandes enemigos que tienen los sistemas democráticos y hay que combatirlos con la misma convicción y firmeza como combatimos antes el comunismo...”, me expresó Vargas Llosa

05 de Diciembre de 2019

“Las democracias muchas veces se equivocan, pero el sistema democrático es un sistema corregible, es un sistema que puede, utilizando los instrumentos que existen en él, superar las cosas negativas, los hechos que son, por ejemplo, la corrupción que hace tanto daño a las democracias, pero por lo menos es una corrupción que es visible y que se puede combatir porque es visible; en las dictaduras hay corrupción y a veces mucho más que las democracias y sin embargo no es visible, porque hay una censura muy estricta que impide que eso llegue al gran público...”, me lo dijo Mario Vargas Llosa en la entrevista publicada en este diario hace un par de días. Conversé con él en la FIL Guadalajara, a la que acudió para presentar Tiempos recios, su nuevo libro en donde la historia de la dictadura guatemalteca de Jacobo Árbenz es el hilo conductor. Y vaya tiempos, lo señalamos, el pasado siempre como referencia para entender el presente y ver al futuro. El ejemplo de Guatemala, hace varias décadas, nos sirve para hablar del mundo que hoy, a pesar de lo que ya cuenta la historia, se muestra sorprendido por sus realidades.

“Hoy en día existen gobiernos que son autoritarios, pero el comunismo como tal que llegó a cubrir buena parte del mundo, que fue el mayor desafío que tuvo la cultura democrática, eso prácticamente en nuestros días ya no existe. A no ser que alguien pueda creer que países como Cuba, como Venezuela, como Nicaragua o como Corea del Norte son modelos para los países que quieren salir del subdesarrollo, muy difícilmente. Realmente son dictaduras que están muy empobrecidas. En el mundo ahora lo que sí tiene mucha vigencia son los populismos, desgraciadamente. El populismo y el nacionalismo, el racismo, el supremacismo. Todas estas enfermedades tradicionales de la democracia han pasado a ser hoy día los grandes enemigos que tienen los sistemas democráticos y hay que combatirlos con la misma convicción y firmeza como combatimos antes el comunismo...”, me expresó.

¿Cuál es el antídoto, justamente, para esas expresiones muy extremistas en la democracia?, le cuestioné. “Yo creo que el antídoto es crear sociedades con las que no haya enormes injusticias que hoy día arrastran todavía las democracias (...) Ninguna dictadura tiene, al final, la razón. Todas las dictaduras, incluso aquellas que parecen en un primer momento reformar las cosas en el buen sentido, al final terminan distorsionando enteramente las instituciones y siguen cometiendo los delitos que cometen siempre los regímenes que se perpetúan: las injusticias, los atropellos. Si uno quiere quedarse en el poder en contra de las leyes, al final termina violentando las leyes y cometiendo injusticias terribles. Por eso es que el sistema democrático, yo creo que debería salir reforzado de esta crisis. Hoy día, en América Latina tenemos muchas democracias. Probablemente, nunca hemos tenido tantas democracias, pero son democracias que están afectadas por el fenómeno de la corrupción a la que hay que combatir de una manera muy resuelta y muy responsable sabiendo que la democracia no sobrevive a la corrupción...”.

¿Se pueden poner más recios los tiempos que vivimos, Mario Vargas Llosa? Sí, yo creo que siempre pueden ser peores de lo que son. Creo que también debemos ser conscientes de eso. Si no hacemos las reformas debidas, nuestros sistemas pueden seguir empeorando, no hay límites para la destrucción. Creo que la historia en ese sentido es bastante elocuente, pero, digamos, a lo que creo y que no debemos sucumbir es al pesimismo...”, respondió.

Y a cientos de kilómetros de la FIL Guadalajara, otro grande de la historia contemporánea en América Latina, enviaba otro mensaje. José Mujica, expresidente uruguayo, desde la CDMX y, sobre todo, desde su experiencia: “Los latinoamericanos tenemos un desafío por delante. El mundo de los jóvenes a los que hemos convocado a la vida va a ser un mundo que va a tener que enfrentar una realidad mundial donde los latinoamericanos, atomizados, no existimos. Nunca va a haber nada mejor si estamos atomizados. Algunos sueñan que algún día pensaremos todos igual, eso no es utopía, eso es ucronismo (...) Tenemos que luchar por juntarnos, así como somos y así como estamos. Algunos pensadores de izquierda creen que tenemos que ser socialistas todos. No, no importa si se es de derecha, de centro o de izquierda, hay que ser latinoamericano (...) La globalización es inevitable. Nos adaptamos o nos adaptamos”. 

Y qué precisos mensajes. El del Nobel de Literatura y el del expresidente de Uruguay. Estos son tiempos de revisión y deben ser de unión. El futuro no puede darse el lujo de caminar en dirección contraria.

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