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Donald Trump nomina a un juez al Supremo para protegerse del Rusiagate




"No deberíamos agobiar a un presidente en el ejercicio del cargo con demandas legales, investigaciones penales, o procesamientos por delitos penales. El trabajo del presidente ya es bastante difícil. Y el país sale perdiendo cuando la atención del presidente está distraída por las cargas de los litigios civiles, o de una investigación penal y un posible procesamiento".

En enero de 2012, Brett Kavanaugh publicó esas palabras en un artículo de la revista jurídica 'Minnesota Law Review', en el que reclamaba directamente que el Congreso aprobara una ley declarando al presidente de EEUU inmune a procesos legales civiles o penales mientras estuviera en el ejercicio del cargo.

Según ese texto, sólo los procesos constitucionales del 'impeachment' -en la práctica, un voto de no confianza por el Congreso- y la destitución son aplicables al jefe del Estado y del Gobierno. Eso es poner el listón muy alto. Ningún presidente en la Historia de EEUU ha sido destituido por el Legislativo, debido, fundamentalmente, a que es necesaria una abrumadora mayoría en el Senado para llevarlo a cabo.

Ahora, el artículo ha saltado a la luz. Kavanaugh fue nominado el lunes por la noche por Donald Trump como candidato al Tribunal Supremo, un cargo para el que tiene la ratificación prácticamente asegurada en el Senado. Y ahí es donde empieza la controversia. Donald Trump es el blanco de varias denuncias por presuntos delitos civiles. Por tener, el presidente de EEUU tiene hasta una demanda de su chófer, que le acusa de deberle el salario de 3.000 horas extra.

Y luego, claro está, se encuentran el Rusiagate, la investigación que dirige el fiscal especial Robert Mueller sobre la presunta ayuda de Rusia a la campaña de Trumpen las elecciones de 2016, y que, además, se combina con otra de la Fiscalía de Manhattan contra el abogado de Trump, Michael Cohen, por el pago de éste a la actriz porno Stormy Daniels para que mantuviera en secreto una relación que había tenido con él.

Es posible que uno, varios, o todos esos casos acaben en el Supremo. Por ejemplo, el propio Donald Trump declaró el 4 de junio que "tengo el derecho absoluto de PERDONARME a mí mismo" (en mayúsculas en el original). De hecho, el presidente estadounidense tiene la capacidad propia de un monarca absoluto de perdonar delitos, y el martes mismo Trump hizo una exhibición lo más partidista posible de ese derecho al poner en libertad a dos pirómanos de Oregón que se dedicaron a prender fuego a terrenos de titularidad pública alegando la supuesta extralimitación del Estado.

Y, si los procesos contra Trump acaban en el Supremo, ¿qué va a hacer Kavanaugh? Los demócratas afirman que debería autorrecusarse. Los republicanos rechazan esa opción. La controversia, así pues, está servida. Y, con ella, lo que para la oposición al presidente indica la verdadera motivación de Trump a la hora de nombrar a Kavanaugh: protegerse contra los procesos en su contra y, muy especialmente, la investigación de Mueller. En un Supremo dividido, ante una cuestión como ésta, de la máxima importancia política e institucional y acerca de la cual no hay precedentes, la influencia de Kavanaugh podría ser considerable para salvar a Donald Trump si se dieran esas circunstancias.

De hecho, la nominación de Kavanaugh ha sido lo menos trumpiano que Donald Trump ha hecho en su carrera política, porque su nominado, aunque conservador, no lo es lo suficiente como para movilizar a su base de cara a las elecciones al Congreso de noviembre.

El presidente, que tiene a gala ser imprevisible, ha elegido a un colaborador de una de sus némesis políticas, George W. Bush, cuya esposa, de hecho, fue la secretaria personal de ese presidente. Kavanaugh es muy conservador y mueve la brújula del Supremo -que en EEUU tiene un poder infinitamente superior al de, por ejemplo, España- definitivamente a la derecha. De hecho, la extensa carrera judicial del nominado lo sitúa como el segundo juez más conservador del Supremo, después de Clarence Thomas, según un estudio de la Universidad de Washington en Saint Louis para la web de información política Axios. Un ejemplo: el magistrado cree que la prohibición de la venta y uso de armas semiautomáticas es anticonstitucional, algo que ningún juez del Supremo ha sugerido nunca.

Pero Kavanaugh no es un 'disruptor'. Su filosofía legal se basa en el respeto al precedente jurídico. Ésa es la clave del malestar de los llamados 'conservadores sociales' con Trump. Con Kavanaugh en el Supremo, es extremadamente improbable que el Tribunal vaya a declarar inconstitucional el aborto, que es lo que demanda ese grupo, que forma a su vez el núcleo duro de los votantes de Trump. Así pues, el Rusiagate podría ser la causa de la nominación de Brett Kavanaugh.


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