Lo que parecía una noche tranquila para Cruz Azul terminó siendo una prueba de carácter. La Máquina resolvió el partido muy temprano, pero acabó sufriendo de más y pidiendo el silbatazo final. Juárez, lejos de rendirse, reaccionó con furia en el complemento, marcó tres goles y convirtió el cierre en un auténtico suplicio. Al final, el 4-3 aún sonrió a los celestes.
Cruz Azul necesitó apenas seis minutos para marcar el rumbo. Con Juárez todavía frío, la “Doble P” —Paradela y Palavecino— conectó desde el arranque. A los 38 segundos, Palavecino abrió el marcador tras una gran asistencia del Toro Fernández. Minutos después, Paradela aprovechó un error en la salida y clavó un derechazo imparable.
El dominio celeste continuó y al 38’, Rotondi empujó el tercero tras una jugada colectiva que parecía sentenciar la historia. Sin embargo, en el agregado llegó la polémica: mano en el área, revisión en el VAR, expulsiones en el banquillo y penal que Estupiñán convirtió para devolverle vida a los Bravos.
El segundo tiempo arrancó con otro regalo fronterizo y un gol quirúrgico de Charly Rodríguez para el 4-1. Cruz Azul tuvo el quinto desde los once pasos, pero el palo evitó la goleada. Juárez no se rindió: Castilho firmó un golazo de tijera, vino la tensión, expulsiones y un cierre agónico que rozó la tragedia. La Máquina resistió y se mantiene en la cima, aunque con más angustia de la prevista.
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